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Simón viaja a España

2026-03-15 - 03:58

A Madrid llega en mayo de 1799, y Esteban Palacios, su tío y padrino de confirmación, le contrató maestros españoles de francés, matemáticas, equitación, baile y esgrima, disciplina en la que destacó a pesar de sus brazos cortos Rafael Marrón González VII El 19 de enero de 1799 antes de cumplir los dieciséis años, y ya Teniente de Milicias, se le permite viajar a España a reunirse con su tío y padrino de confirmación Don Esteban Palacios para formalizar sus estudios porque a pesar de saber leer, escribe con cuidadosa letra pero con pésima ortografía, como lo refleja su carta que envía a su tío Pedro Palacios desde Veracruz, donde escribe: “.espresiones a mis ermanos y particular a Juan Vicente...”. «Su mas atento serbidor y su yjo», su ignorancia, por descuido familiar, luego de la muerte de sus padres, y por su propia rebeldía, es inmensa, lo que compensa con una extraordinaria capacidad de percepción y sentido crítico. Posteriormente, en su vida pública, escribiría 2.452 cartas, 193 proclamas y varios artículos periodísticos, además de elocuentes discursos, como el pronunciado ante el Congreso de Angostura. La abundancia de su literatura epistolar permitió que algunos desaprensivos le adjudicaran algunas falsificaciones que han pasado como auténticas durante mucho tiempo. Una de estas falsificaciones es la supuesta última carta de Bolívar y dirigida a Fanny du Villars. El autor de esta falsificación fue el doctor Luciano Mendible Camejo quien la fechó el 16 de diciembre de 1830 y la publicó en el Diario del Comercio de Barranquillas, Colombia, alrededor del año 1852. Esta carta inspiró el poema «Don Juan en Santa Marta» de Andrés Mata. Hoy se sabe que su última correspondencia fue para el general Justo Briceño con fecha 11 de diciembre de 1830. A partir de ese día su estado de salud empeoró y no pudo realizar ninguna otra actividad intelectual. Su testamento fue dictado el 10 de diciembre. Su visita a México y el primer mito En este su primer viaje a España se detiene en México y, según versión difundida por O’Leary, oyó en la casa del Virrey Asanza, hablar de la Revolución Francesa y emitió una opinión que ofendió al Virrey que molesto suspendió la conversación y aconsejó al Oidor “que hiciera seguir su viaje a aquel muchacho», y debió partir inmediatamente para Veracruz. Resulta muy difícil de creer que un adolescente de dieciséis años, sin títulos nobiliarios por añadidura, pudiera discutir de alta política nada menos que con un Virrey, en pleno absolutismo. El historiador Augusto Mijares opina en su obra «El Libertador»: «Aunque esta anécdota es muy seductora, nos parece absolutamente inadmisible. Es preciso ignorar la cautela con que se habla en los regímenes despóticos sobre cualquier tema que toque la política, para aceptar que en el palacio del virrey de México, y ante personas de paso, se promoviera ese tema de la revolución francesa. Menos verosímil aún es que el niño Bolívar, que pasaba tantos trabajos para escribir una carta a su tío, se atreviera a opinar a lengua suelta, sobre acontecimientos que apenas se conocían en América por alguna publicaciones clandestinas; y finalmente, llega al absurdo suponer que dentro de la rígida etiqueta de la época se le permitiera hacer aquello ante personas mayores y de tal jerarquía, sin que a lo menos se recurriera a cambiar inmediatamente la conversación a las primeras palabras del entremetido forastero». Todas estas leyendas tejidas sin tomar en consideración la edad, entorno político familiar y escasa formación de Bolívar, forman parte del bagaje con el que se pretende hacerlo aparecer como el genio consciente desde niño de su destino manifiesto. Otras dos leyendas que encontraron rápido asidero en la ingenua mentalidad aldeana, son la del “delirio” de Casacoima, que fue una invención literaria de Juan Vicente González, y la supuesta escalada a “enarbolar el tricolor sobre el Chimborazo” mito, que muchos aceptan a pie juntillas sin advertir que convierten a Bolívar en alpinista, imposible de aceptar para quienes sabemos que este amenazante volcán ecuatoriano de cumbre nevada tiene 6.310 metros de altura, cuya escalada requiere condiciones y entrenamiento, además de equipo especializado, que Bolívar no podía poseer en su momento. Bolívar llega a España A Madrid llega en mayo de 1799, y Esteban Palacios, su tío y padrino de confirmación, le contrató maestros españoles de francés, matemáticas, equitación, baile y esgrima, disciplina en la que destacó a pesar de sus brazos cortos por su facultad de ser ambidiestro, pero todo dirigido a las frívolas exigencias cortesanas del momento; en esta época comienzan los mitos que lo relacionan a la decadente corte de la disoluta reina María Luisa de Parma y de su favorito Godoy, leyendas que se originan como consecuencia de vivir su tío Esteban en la casa de Manuel Mallo, joven neogranadino que había vivido en Caracas y que sustituía temporalmente en el lecho de la reina, a Manuel Godoy. La primera de estas leyendas lo sitúa jugando pelota con el príncipe de Austria, futuro Fernando VII, tres años mayor que él, y especulan que en una jugada le tumbó el sombrero de un pelotazo, y pretenden ver en este accidente un augurio de lo que en el futuro perdería Fernando, ya rey, con Bolívar. También se le coloca en la Guardia de Honor de la princesa María Luisa, futura reina de Etruria, pero tampoco existe evidencia alguna de esta posición en la corte. Además es difícil aceptar que un desconocido de ultramar, indiano para más señas, pudiera desplazar en tan disputado cargo a los hijos y protegidos de los nobles españoles. Las anécdotas que colocan al futuro Libertador en íntima relación con la corte española, son producto de la mentalidad aristocrática pueblerina que trata de imponer la tesis del Bolívar redentor de los oprimidos, pero manteniéndose como digno exponente de la superioridad de su clase. Olvidan que Bolívar no fue aristócrata, su familia era de antigua prosapia caraqueña, descendiente de encomenderos, fundadores y funcionarios provinciales, y poseía bienes de fortuna que la nivelaba económicamente con la nobleza, pero que provenía de provincias pobres de España. Eran funcionarios de la corona en Venezuela que, a diferencia de la Nueva Granada, Perú, México, y Argentina, que eran virreinatos, era una humilde Capitanía General. En aquella época el dinero sin sangre azul de nada servía, mientras que la sangre azul, aunque sin dinero, obtenía siempre privilegios. Bolívar, por lo tanto, no tenía el libre acceso a los privilegios cortesanos que se le adjudican; y no sólo él, tampoco los tenían sus tíos Palacios y Blanco, furibundos realistas. Por ejemplo, Esteban, que había ido a España a reclamar para su sobrino Juan Vicente, por instrucciones de María Antonia, el negado y hasta ya olvidado título de marqués de San Luis, se valía del neogranadino Manuel de Mallo, que era, además de Guardia de Corps, Mayordomo de Semana de la Real Casa y amante de la disoluta reina María Luisa de Parma, para formar parte de la vida palaciega, y es éste quien lo presenta en la Corte. Bolívar, además, permaneció poco tiempo en la casa de Mallo, pues, a la llegada de su tío Pedro Palacios a Madrid montó casa aparte, junto con Esteban y sus criados, en julio de 1799, al mes y medio, aproximadamente, de haber llegado. Bolívar con real y apoyado Es el joven Bolívar el que financia los gastos de sus tíos, inclusive el viaje de Pedro desde Caracas, pues, Carlos aprovecha la tutoría para ayudar a sus hermanos a buscar mejores posiciones. De Caracas siguen llegando a Madrid remesas de añil y cacao que se venden a buen precio en Bilbao, lo que le permite a Simón viajar y vivir como un adinerado joven de gustos refinados. En el Boletín No 52 de la Academia Nacional de la Historia, se informa que Bolívar gastó el primer año de su estancia en Madrid, la suma de 54.811 reales, unos $450.629,78 de la actualidad. Pero esta devoción administrativa de Carlos no tiene nada que ver con la lealtad ni el afecto, su codicia llega a tanto que, el 8 de octubre de 1799, le escribe a su hermano Esteban para que hiciera firmar con Bolívar un documento por triplicado que pudiera eximirlo de rendir cuentas si éste muriera. Por supuesto que Bolívar se negó, era joven pero no tonto. Continuará. EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. @RafaelMarron https://www.youtube.com/@Washingtontv1

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