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Términos

2026-03-23 - 11:05

La discriminación del otro es, en gran medida, la base de todos nuestros males. Asumir que se debe ser de una sola manera termina siendo una aberración histórica de la condición humana. Recordemos términos usados en diferentes momentos para justificar el desprecio o el ataque al distinto. Se nos ocurre la palabra “bárbaro”. Su etimología estaría relacionada con la idea de “quien balbucea”, especie de susurro enigmático parecido a “bar, bar, bar”, de donde se desprendería el vocablo. Bárbaro aludía a aquella gente sin apego a las normas comunes. Inicialmente esta voz estuvo vinculada a todos los pueblos ajenos a la cultura griega, a su lengua y a sus costumbres. Los extranjeros, por ejemplo, persas, hunos, visigodos, ostrogodos, vándalos, francos, anglos, sajones, lombardos y otros entrarían en esta categoría. Para ese entonces, la locución «bárbaro» no se tenía como algo despectivo e inferior como más tarde sería el sentido dado por los romanos. Los bárbaros ahora serían enemigos, bestias amenazantes. Centurias más tarde, los musulmanes ingresarían en este renglón: por ser considerados como infieles, negadores de Cristo. Por supuesto, los mentados bárbaros no eran tales, aportarían, desde pluriculturalismo, muchos beneficios espirituales al mundo occidental. La otra palabra es “salvaje” como equivalente a silvestre, es decir, todo lo contrario a lo cultivado, a lo domado. La dicción salvaje, cuyo origen latino proviene de silvaticus, se coliga a lo que habita en el bosque, a lo selvático. Salvaje sería una voz muy usada en el siglo XVII, época de exploraciones y colonizaciones. Con la invasión hispana sería el indio, distante del habla latina y de la cristiandad, quien encarnaría al salvaje, ese que se debía incluir por la fuerza en el torrente civilizacional. Así, era el originario el salvaje y hasta el “buen salvaje”, quien por su talante natural sería visto como un ser libre y virginal. No obstante, los pensadores modernos se encargarían de subestimarlo como un sujeto menor de edad y sin madurez intelectual. Asimismo, está la palabra “primitivo”. Su manejo sería corriente en el siglo XVIII ilustrado y posteriormente implementado en la ciencia antropológica para referirse a un individuo en estado inicial, con una mente simple o prelógica. El cognomento primitivo desciende del latín primus, o sea, el primero. Desde el mirador evolucionista lo primitivo señala modos de organizaciones elementales, generalmente de nómadas cazadores, pescadores y recolectores, comunidades preagrícolas, colectivistas e igualitarias. La falta de escritura, el animismo, el tribalismo, el canibalismo, lo prehistórico suele vincularse con lo primitivo. Actualmente dicha expresión es cada día menos empleada. Estos vocablos nos hacen pensar en quienes son los verdaderos bárbaros, salvajes y primitivos en esta época de inteligencia artificial y de desarrollo hipertecnológico. Nos motivan a reflexionar si la macana para matar a un semejante por un hombre de las sabanas africanas en tiempos inmemoriales difiere mucho de las armas sofisticadas para asesinar a escolares del Medio Oriente hoy. Claro que hay un aspecto de fondo: que aquel quien atacó al prójimo en los albores de la humanidad no tenía conciencia de su carácter aniquilador. El hombre “racional” de este instante si entiende de su vocación de exterminio.

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