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Topado con la iglesia

2026-02-25 - 13:17

El 8 de diciembre de 1999, la Comisión Pontificia para los Bienes Culturales de la Iglesia emitió un documento mediante el cual dirige su atención a los pastores sobre la necesidad de inventariar-catalogar los bienes culturales pertenecientes a entidades e instituciones eclesiásticas, con el fin de tutelar y valorar el ingente patrimonio histórico-artístico de la Iglesia. Dicha carta define a este patrimonio como aquel “constituido por las obras de arquitectura, pintura, escultura, además de los paramentos, adornos, ornamentos litúrgicos, instrumentos musicales, etc”. La mencionada Carta Circular reconoce que los bienes culturales eclesiásticos adquieren importancia en su totalidad y no solo en su individualidad y materialidad. Los bienes culturales de la Iglesia, en todas sus expresiones, son un testimonio específico de la tradición. La importancia del contexto para este tipo de bienes —subraya— conlleva la necesidad de conservarlos, dentro de lo posible, en el lugar y en la sede originaria. Aun más, el documento insiste en que cada intervención de salvaguardia no puede prescindir del valor cultural, catequético, caritativo y cultural del patrimonio histórico-artístico, y esto es así porque los primeros custodios de estos bienes son los prelados a quienes se les confía la administración de los templos. En Venezuela, más del cincuenta por ciento de las expresiones culturales pertenecen a la Iglesia católica, incluidas las manifestaciones inmateriales, publicadas en catálogos, por tanto, sometidos a la tutela del Estado que por ley está obligado a defender y preservar, responsabilidad que es compartida con la ciudadanía. Sin embargo, algunos clérigos se resisten a ese amparo y entregados a caprichos particulares, intervienen las iglesias sin ningún tipo de criterio técnico ni protocolo, disponen de su colección e interfieren en las manifestaciones colectivas, prescindiendo de las normas nacionales, internacionales e incluso las del propio Vaticano. El cuidado del patrimonio eclesiástico es una responsabilidad cultural, que implica a la Iglesia en primer lugar. Ella se ha declarado siempre “experta en humanidad”, por lo que un gesto de convivencia democrática es defender y proteger ese patrimonio, que también atañe al pueblo venezolano.

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