Y… llegamos al final sin agotar el tema
2026-01-25 - 21:10
Justificar el habla descuidada de las mayorías conque “así habla el pueblo”, obviando que ese pueblo ha pasado por la escuela, es un crimen de lesa lenguaje o cuando menos populismo lingüístico condescendiente. Rafael Marrón González XXV Observo con orgullo hispanoamericano, porque eso soy, no latino, la prolijidad con la que se preservan las tradiciones que nos identifican como pueblos, y cuyas particularidades asumimos como propias para el disfrute turístico. Sin embargo, cuánto descuido con el lenguaje, cuánta agresión contra su integridad y belleza. Me asombra – aunque el asombro es ignorancia – la inmensa diferencia entre la prolijidad de los textos de algunos escritores hispanos con su descuidada y hasta innoble forma de hablar en público, para parecerse al pueblo, obviando su inmensa responsabilidad como referencia cultural. Justificar el habla descuidada de las mayorías conque “así habla el pueblo”, obviando que ese pueblo ha pasado por la escuela, es un crimen de lesa lenguaje o cuando menos populismo lingüístico condescendiente. Este planteamiento toca un punto neurálgico de la sociolingüística y la pedagogía: la tensión entre el descriptivismo (aceptar cómo se habla) y el prescriptivismo (defender cómo «debería» hablarse). El argumento de que es un «crimen de lesa lenguaje» se apoya en una premisa poderosa: la función de la escuela. Si el Estado y la sociedad invierten recursos en la alfabetización y divulgación universal del conocimiento que lleva a la igualdad, el conformismo lingüístico se interpreta como un fallo del sistema, que mantiene al pueblo en una minusvalía intelectual, en provecho de las élites. Y eso es un irrespeto. La función de la educación es dotar al individuo de herramientas para moverse en todos los ámbitos sociales. Si se permite que alguien solo domine el habla coloquial o descuidada, se le está condenando a una «guetización» lingüística que le impedirá acceder a ciertos espacios laborales o académicos, y hasta a impedirle interpretar textos o discursos que tienden a la manipulación. EL FENÓMENO DE LA DIGLOSIA Y EL REGISTRO Se llama “Diglosia” a la situación cuando en una sociedad conviven dos variedades de una misma lengua (o dos lenguas distintas) con funciones sociales diferentes: La Variedad A (Alta): Se usa en la academia, la literatura, las leyes y los discursos oficiales. Es la que tiene prestigio. La variedad B (Baja): Es el habla descuidada, familiar o el dialecto local. No tiene prestigio oficial y se aprende de forma natural, no en la escuela. El «crimen» del que hablo ocurre cuando la Variedad B invade el terreno de la Variedad A porque el hablante no recibió (o no asimiló) la instrucción necesaria para distinguir los contextos. El Registro lingüístico es el conjunto de variedades que un hablante elige para adaptarse a una situación comunicativa específica. En términos sencillos: es el «cambio de chip» que hacemos dependiendo de con quién estamos y dónde nos encontramos. Muchos lingüistas argumentan que el problema no es que el pueblo hable «mal», sino que no sepa cambiar de registro. Es decir la incapacidad de elegir el vestuario adecuado, a la playa no se va de traje y corbata ni a una entrevista de trabajo en bañador. Los 4 pilares del Registro (teoría de Michael Halliday) Para elegir el registro adecuado, el cerebro analiza automáticamente estos elementos: El Campo (El qué): Es el tema del que hablamos. No usamos las mismas palabras para hablar de física cuántica que para comentar un partido de fútbol. El Modo (El cómo): Es el canal. El registro cambia si escribimos un correo formal, mandamos un audio de guasap o damos una conferencia. El Tenor (El quién): Es la relación entre los interlocutores. ¿Hay jerarquía o confianza? (No es lo mismo hablar con tu jefe que con tu hermano). La Intención (El para qué): ¿Quieres convencer, informar, ordenar o simplemente desahogarte? Clasificación de los Registros Generalmente, los dividimos en dos grandes bloques: 1- Registros Formales: Se caracterizan por una cuidada selección de palabras, el uso de oraciones complejas y el respeto estricto a la norma gramatical. Por ejemplo el registro Científico-Técnico de precisión absoluta. El Académico, léxico rico y estructurado. El Jurídico-Administrativo, de fórmulas fijas y lenguaje especializado. 2 – Registros Informales (Coloquiales): Se basan en la espontaneidad y la expresividad. Por ejemplo el registro familiar, lleno de apodos y frases incompletas. Y el vulgar que se caracteriza por el escaso léxico, el uso de muletillas, palabras «comodín» y, en casos extremos, incorrecciones gramaticales. EL «CRIMEN» Y LA INADECUACIÓN El problema técnico no es que el registro coloquial exista, sino la inadecuación, que es el error de usar un registro informal en una situación que requiere uno formal. Por ejemplo, que un médico te dé un diagnóstico usando jerga callejera (como los médicos cubanos vendidos a países socialistas) o que un abogado escriba un contrato con faltas de ortografía justificándose en que «así habla el pueblo». El Registro coloquial es natural y dinámico. En la confianza del hogar, todos somos «descuidados». Y el Registro formal es el que se aprende en la escuela. El «crimen» ocurre cuando el sistema educativo no logra que el hablante distinga cuándo usar cada uno. Y es la frustración de los maestros egresados de las escuelas universitarias de educación. La verdadera educación no consiste en hablar siempre de forma culta, sino en tener la competencia comunicativa para movernos con elegancia en todos los registros. Quien solo tiene un registro (el descuidado), está atrapado en una jaula lingüística. EL PELIGRO DEL «POPULISMO LINGÜÍSTICO» En ocasiones, desde sectores intelectuales o políticos, se celebra la falta de norma como una forma de «resistencia cultural». Sin embargo, esto puede ser una trampa, porque la élite sí domina la norma. Los que defienden que «no importa cómo se hable» suelen ser personas que dominan perfectamente la gramática y la ortografía, privando a las mayorías de la misma herramienta de poder. FRENTE A MI POSTURA CRÍTICA, LA SOCIOLINGÜÍSTICA Mientras la sociolingüística pregona que el pueblo es el dueño del lenguaje, mi posición es que el habla descuidada es un fallo del sistema educativo, que justificar el error es una forma de desprecio intelectual, y que el lenguaje debe protegerse para mantener su integridad, claridad y armonía. Con este trabajo finalizo la serie en honor a la Responsabilidad con el Idioma, publicada sin otra intención que la de aportar una pequeña inquietud entre los jóvenes estudiantes por la calidad de su forma de expresión, y para que algún adulto mental, que define madurez para enfrentar y corregir sus errores, pueda revisar su léxico; y digo adulto mental, porque estamos llenos de aduldolescentes (adultos adolescentes) que se calientan y hacen un berrinche descalificador cuando su imagen reflejada en el espejo no concuerda con la que han creado en su imaginación. No he pretendido dictar clases de purismo idiomático y mucho menos he negado el enriquecimiento del idioma con voces surgidas de la necesidad comunicacional del pueblo. Me opongo al abuso(no al uso), de muletillas calificativas insustanciales que limitan la capacidad expresiva del sujeto. Tampoco me opongo a los neologismos, salvo que tengan su cabal correspondiente en Castellano y no contribuyan a ampliar la definición de la idea. Si alguien se sintió ofendido por el humor utilizado en el discurso, no le pido disculpas, como se dice comúnmente, sino que le “ofrezco disculpas”, como debe ser, jurándole, por esta, que lo volveré a hacer. No hay más remedio. Gracias por su paciencia. EL AUTOR es escritor, poeta, historiador, docente y comunicador social. Autor de varios libros. Es, además, el presentador oficial del noticiero estelar de Washington TV. https://www.youtube.com/@Washingtontv1